EDICIóN GENERAL

La enfermedad que no existe pero tú también sufrirás

Hm... esto me recuerda a ese tren de pensamiento que tuve en uno de los restaurantes en los que trabajé hace un par de años. La jefa de cocina era una CAPULLAZA (por no llamarla algo peor que empiece por "H" y "P"). No importaba cuánto esfuerzo le dedicaras, cuántas soluciones encontraras, cuánto machacaras en tareas y cuánta prisa te dieras: ella siempre tenía razón y tú eras un inútil.
Ergo, mi hilo de pensamiento acabó siendo evidente: "¿De qué sirve esforzarse si sólo voy a ganarme más gritos?". A partir de la segunda semana, yo era probablemente muchísimo más apático. Los gritos no cesaron pero sólo escuchaba mi próxima excusa para marcharme de allá.
Seis cocineros marcharon antes que yo. Yo fui el séptimo.

menéame