Exulansis (Dialogo)

Él habló con los ojos fijos en un punto concreto de la pared que tenía delante. — ¿Sabes? La primera vez que enseñaron a un chimpancé a hablar mintió. Le enseñaron el lenguaje de signos y lo primero que hizo con ello fue acusar a su cuidador de ser él quién se había cagado en la jaula — Sentado sobre la camilla de al lado con los pies colgando sin tocar el suelo.

— No lo entiendo ¿Por qué iba a mentir un chimpancé? — Cuando ella negó con la cabeza los pequeños tubos que salían de su nariz y le colgaban por la cara, la siguieron también. — Cuéntame otro, este no me gusta

— Hay una especie de insecto que solo vive un día; Ni siquiera tiene boca ni estómago, porque sabe que va a morir.

Ella tardó un rato en responder. — ¿Cuánto tiempo llevo aquí tumbada, en esta camilla?

— Un poco más de 3 horas

— ¿Y has estado ahí todo el rato?

— No me he separado de ti

— El de los insectos ya me lo habías contado. Se llaman efímeras

— Creí que no te acordabas

— ¿Cuántas veces me has preguntado cuánto llevamos aquí?

En ese momento la puerta se abrió. El médico entró ladeando la cabeza a modo de saludo. Atravesó la instancia en silencio y comprobó los goteros. Cuando habló lo hizo mirándole a él en la otra camilla.

— ¿Cómo está? ¿Se ha dormido en algún momento?

— No, no me he dormido — contestó ella

— Sí, se acaba de despertar como quien diría

— ¿Y usted? ¿Ha descansado algo?

— No, no he podido

— Bueno. Ella al menos ha conseguido descansar algo. No se le pasará el efecto de la medicación hasta dentro de unas cuantas horas más. Será mejor que descansen ambos.

Ella miró las muñecas, ahora vendadas.

— Me duelen las muñecas. Y encima esto es incómodo, no me gusta.

— No. Es por tu bien. Descansa, regresaré luego para ver como evolucionas.

El médico salió de la sala y ella se quedó mirando la puerta por la que acababa de salir. Él se levantó hacia la mesilla donde estaban los dos móviles. Cogió el suyo y se quedó mirándolo un rato.

— Es guapo

— Sí, supongo que sí lo es

— Pero tú eres más guapo

— Si tú lo dices, será…

— ¿Me pasas el móvil?

— No. Aquí no hay cobertura, no sirve de nada

— ¿Y por qué lo coges tú? — Él no contestó, se quedó mirando la pantalla de su móvil. Ella volvió a hablar al ver que no había respuesta — ¿Y si tengo que hablar con alguien?

— Me lo dices, salgo y le digo lo que necesites decirle a alguien.

— Prefiero salir yo

— Eso no va a poder ser

— ¿Por qué?

Él dejó el móvil en la mesilla, la miró largo y tendido y pareció abrir la boca un par de veces para hablar. Al final volvió a su camilla, al lado de la suya sabiendo que la silla que había era más incómoda. Se recostó igual que ella, pero con menos tubos y sabiendo que él sí podría salir de la habitación.

El silencio volvió a llenar la habitación una vez más. Se posó sobre las mantas de ella. Se colgó de los hombros de él. Se escondió tras los aparatos eléctricos. Se hundió en la silla de ruedas de la esquina. Ella no se percató de cómo lo invadía todo, como se extendía entre ella y él. Él agradeció que lo hiciera.

— ¿Me puedes quitar lo de las muñecas?

— No, no soy médico

— Pero podrías quitármelo, son solo unas vendas. Lo haré yo misma — Intento mover las manos para empezar a quitarse las vendas. Cuando sus manos llegaron al borde de sus vendajes apenas tenían fuerza para empezar a tirar. Él bostezaba ruidosamente.

— ¿Te vas a dormir? La verdad es que son cómodas estas camas. Yo me echaba una siesta si pudiera

— No creo que pueda

— ¿Y qué hacemos?

— Podemos hablar. Tampoco es que podamos hacer otra cosa

— Vale… ¿Te cuento una cosa que sé?

— ¿Sobre insectos que no tienen boca y se mueren por no morir?

Ella abrió mucho los ojos — ¡Cómo lo has sabido! Pues …, cuéntame una cosa que yo no sepa

— ¿Qué te parece una de Chimpancés que mientan y caguen?

— No veo por qué un Chimpancé tendría que mentir … pero vale, cuéntamelo

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⧫ Exulansis: La tendencia a renunciar a hablar acerca de una experiencia porque la gente es incapaz de entenderla.

Cosecha propia