Joia Vanidad I (de loscuentos.net)

Adormilado me abrazo a ti y me dejo llevar por el sueño. No quiero que el tiempo transcurra, ojalá pudiera eternizar éste ahora.

Despierto, y por un momento no se donde estoy. Luego miro hacía afuera, a través de la ventanilla, y me doy cuenta de que realmente no se donde estoy. Un arcén polvoriento de una carretera secundaria. El sol cae a plomo sobre todo lo que está a la vista. Íbamos camino a Pilón, un lugar que no conozco y al que, extrañamente, comienzo a tener la sensación de que jamás ya llegaré.

Desciendo del carro y no te veo. Ni a ti, ni a él. Todo está tranquilo. Una inmensa llanura desierta e infinita se extiende hacía los cuatro puntos cardinales. Tan sólo la carretera que se deshilacha de este a oeste rompe la monotonía del paisaje.

¿Dónde estás?!!!!, ¿Dónde estáis?!!!!.

Horas más tarde repetiré una y otra vez la historia ante la policía. Pasaré un tiempo en prisión, pues soy sospechoso, de hecho, el único sospechoso de vuestra desaparición. Tras dos meses me soltarán, pues no hay pruebas ni indicios. En el pueblo todos ya me habrán juzgado y tendré que abandonarlo para siempre.

Me costó muchos años dormir tranquilo. Siempre lo hacía con la sensación de que al despertar todo habría desaparecido: mi vida, mi mundo, tú. Y la verdad es que tú, aunque no tu recuerdo, desapareciste para casi siempre, pero la vida y el mundo continuaron.

Ya nunca nada fue igual, toda la magia vivida hasta entonces a tu lado se difuminó. Me casé, tuve hijos, tuve nietos.

Y está mañana de primavera clara, por pura casualidad, te encuentro. La verdad es que nunca te busqué, la verdad es que hubiera preferido no encontrarte nunca.

Estás con él. Bajo una misma lápida, en un cementerio de un pueblo de costa de un país distinto y lejano del que te vio nacer. Aquí paso yo mis últimos días de vacaciones junto con mi esposa. Un regalo de nuestro hijos. Entré sin saber porqué. Me dejaba llevar entre los panteones y nichos leyendo nombres al azar. A veces, el azar es un hijo de puta de cuidado.

Hace cuatro años murió él, y hace tan sólo dos tú. Él se cambio el segundo apellido, los tuyos son los mismos de siempre. Todavía hay flores frescas sobre la tumba. Eso significa que hay gente que se acuerda de ti. Podría buscarlos, pero ahora ya no vale la pena, ahora por fin lo entiendo todo.

Creo que si me lo hubierais dicho, pese a lo que te quería, pese a lo que os quería, hubiera mantenido el secreto e incluso os hubiera ayudado. No me merecí pagar tanto.

Tú y tu hermano, tu hermano y tú. Siempre juntos a todas partes, siempre juntos a todas partes.