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Melancolía, depresión y vida

Te escribo esta carta porque me enteré de que te han diagnosticado una depresión. Hará unos 5 años fui a un psicólogo que me recomendó tomar antidepresivos. Dejé de ir y mi vida siguió como siempre. Pero supongo que un diagnóstico es algo más grave que una mera recomendación.

Posiblemente sea el menos indicado para dar consejos sobre este tema. Soy bastante sombrío, solitario y melancólico. Sabes que suelo tratar cordialmente a la gente, pero si pudiesen leerme la mente sabrían que la mayoría de las veces estoy deseando acabar la conversación. Los deseos son un espejo del carácter: mi principal deseo no es obtener un gran trabajo, sino no tener que recibir órdenes de un idiota ni bailarle el agua. Tampoco quiero estar rodeado de gente, sino seguir mi camino limitando el contacto humano a esos pocos momentos en los que sientes que te ayuda a crecer.

Mi vida no ha sido difícil en absoluto. Los que me conocen piensan que siempre me meto en líos, y que esos líos me cierran muchas puertas. Y es cierto, pero siempre tengo pensada una vía de escape. Escogí la carrera de Derecho porque es muy versátil, y gracias a eso he trabajado todos los días desde que me licencié, a pesar de mi fama de excéntrico y conflictivo. También es cierto que siempre he contado con gente buena a mi alrededor que me ha ayudado a seguir el camino. Pero yendo a tu diagnóstico, quiero preguntarte algunas cosas

¿Qué es para ti la felicidad? Yo la identifico con la paz, y no con explosiones de euforia. Siempre he odiado las muestras excesivas de efusividad. Cuestión de carácter y de que, me temo, la mayoría de veces son fingidas. Mirarte al espejo sin sentir asco, gozar de aficiones que te agraden, realizar un trabajo que no te disguste y tener a alguna persona especial en tu vida. Te adelanto que yo no disfruto de todas esas cosas a la vez, pero lo que quiero transmitirte es que, para mí, la felicidad es una melodía mantenida y tenue, y no un pico estridente de sonido. La felicidad requiere estar limpio por dentro y gozar de lo elemental para vivir. Requiere ser libre. Y la libertad es ser dueño de tu persona.

¿Tomaste el camino que deseabas? Y de no ser así ¿Puedes volver atrás? Te adelanto que yo no lo hice. Si volviese a tener 18 años estudiaría para ser profesor de literatura en un instituto. Tengo 33 años y demasiado miedo a perder mi autosuficiencia como para volver a empezar, pero puede que tú seas más valiente que yo. No trabajar en lo que te llena es una losa muy pesada, y difícil de compensar con otras cosas. Nadie debería cometer el error de cambiar dinero por la alegría de ser un pez en el agua.

¿Has mirado más allá de la ventana de tu casa? Es otro consejo que no suelo aplicarme, pero el mundo es infinitamente más grande que lo que conocemos de él. Muchos se dan por vencidos diciendo que nada merece la pena, y sólo han visto un 0.1% de lo que hay.

¿Te sientes estúpido, incapaz y superado por los acontecimientos? A mí me pasa mucho, pero consigo que no se me note. Piensa en toda la energía que gastas en creerte incapaz, y en la brutal rémora que esto te supone para explotar tu potencial. Concéntrate en aquellos momentos de tu vida donde has hecho cosas de las que te sientes orgulloso, recuerda quién eres, mira al horizonte y sigue con el día.

¿Te rindes antes de empezar a perseguir lo que deseas? Piensa que una carrera para pillar a una liebre puede tener dos finales: cogerla o matarte a correr para no pillarla. Pero incluso ese segundo final es positivo: los músculos de tus piernas serán más fuertes para la próxima carrera.

¿Piensas en la muerte? En los momentos de cobardía se hace mucho. Pero sería muy estúpido abandonar una ciudad de la que sólo conoces una calle. Y posiblemente no del todo...es más, intuyo que ni siquiera conocemos nuestra propia casa.

Resumiendo: sin conocer los detalles, lo primero que te recomiendo es reconocerte. Tal y como tú eres, independientemente de las deformaciones externas que hayas sufrido. Piensa en todo lo que anhelas y saber que tenerlo te va a dar paz, estabilidad y energía duradera, de esa que se retroalimenta. Practícalo, porque muchas de esas cosas no cuestan dinero. Y sobre todo piensa que en este mundo, la felicidad no es un cielo pleno de luz, sino unos cuantos puntos luminosos en la oscuridad que te hagan sonreír a ratos mientras sigues el camino.